Tabaco y deporte: la peor combinación posible

Si un deportista fuma, está contradiciéndose en 2 conceptos: por una parte está llevando a cabo un tipo de actividad que está ayudándole a mejora su salud, así como su capacidad pulmonar. Por otra parte, está suministrándole a su organismo sustancias tóxicas que contrarrestarán los beneficios citados con anterioridad.

El monóxido de carbono entra en el cuerpo uniéndose a la hemoglobina de la sangre, haciendo que disminuya la capacidad del torrente sanguíneo para transportar el oxígeno que los músculos necesitan, además de los diferentes tejidos del organismo. Esto hará que los músculos se fatiguen mucho antes.

También hay que considerar que la nicotina es una de las drogas más adictivas que hay. Cuando se fuma, se liberan ciertas sustancias estimulantes en el organismo con efectos cardiovsaculares y neurovegetativos, que se empezarán a manifestar en el ejercicio haciendo que aumente la frecuencia cardiaca y la presión arterial. El resultado, para la misma carga de trabajo,  es que se necesitará de más esfuerzo para el corazón para un fumador deportista que para un deportista que no fuma.

Además debes de saber que fumar es un factor de riesgo que puede propiciar que se presente una enfermedad de carácter cardiovascular. Siendo fumador habitual ponemos en riesgo nuestra salud.

El deportista fumador tiene que someterse a un tipo de chequeo de tipo cardiorrespiratorio de forma continua.

Lo mejor que puede hacer es plantearse de vedad dejar el hábito de una vez por todas. Desde el momento que se haga, se empezarán a experimentarán los beneficios desde el primer minuto, aunque bien es cierto que harán falta varios meses, incluso años, para que el organismo pueda acabar completamente con la nicotina.

Olvídate del tabaco y céntrate tan solo en la actividad deportiva.

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