El Deportista de Resistencia ¿Nace o se Hace?

Todos conocemos a gente que, con poco entrenamiento, tiene un fondo envidiable (y lo de envidiable no es una metáfora: ¡realmente lo envidiamos!). Y seguro que también conocemos a otras personas que, pese a que se entrenan mucho, obtienen peores resultados en pruebas de resistencia que otras que se entrenan mucho menos.

La pregunta que esto dispara en nuestro cerebro es:

¿no es la relación entre entrenamiento y rendimiento deportivo directa?

Sí, y no. Vamos por partes.

 Fibras musculares tipo I y tipo II

Los músculos del cuerpo están compuestos de FIBRAS MUSCULARES. Y de estas fibras musculares hay dos tipos principales: las fibras de contracción lenta (tipo I) y las fibras de contracción rápida (tipo II).

Las fibras de contracción lenta (recordemos, las tipo I) están preparadas sobre todo para intervenir en actividades de resistencia, primando en ellas el metabolismo aerobio (en presencia de oxígeno). En cambio las fibras de contracción rápida (seguimos recordando, las tipo II) pueden desarrollar una potencia contráctil muy intensa pero en un tiempo corto.

Por ejemplo, a nivel de la pierna (entre la rodilla y el tobillo) tenemos dos músculos en su parte posterior: el gemelo o gastrocnemio, superficial, y el soleo, más profundo. El gemelo o gastrocnemio tiene una mayor proporción de fibras de contracción rápida (las tipo II) y por eso permite una contracción potente y rápida, como la necesaria para saltar. En cambio, el soleo tiene un mayor número de fibras de contracción lenta (las tipo I) y por eso se utiliza en actividades de contracción prolongada.

 Proporción de fibras tipo I y fibras tipo II en los músculos

La siguiente pregunta es

¿todas las personas tienen la misma composición de fibras lentas y rápidas en sus músculos?

¡Ahí está la clave! ¡No! La proporción de fibras lentas y fibras rápidas de las que están constituidos nuestros músculos viene determinada genéticamente. Y, para ponerlo aún peor: no se ha comprobado que el entrenamiento físico modifique estas proporciones. Por eso hay gente que, “de nacimiento” está mejor preparada que otros para el ejercicio de resistencia, y otras personas rinden más en ejercicios de potencia o de velocidad. Les ha tocado así.

Y por eso también se ha visto que los deportes de resistencia se llevan a cabo mejor cuanta mayor es la proporción de fibras lentas (las tipo I), y que los deportes de velocidad o potencia salen mejor cuando tenemos una mayor proporción de fibras de contracción rápida (tipo II) en nuestros músculos. Por ejemplo: un corredor de maratones con un 80% de fibras lentas (tipo I) necesitará entrenarse mucho menos y conseguirá mejores resultados que otro corredor con un 60% de fibras rápidas (tipo II). Este último corredor mejor orientaba su carrera a las pruebas de velocidad.

 ¿Qué tipo de músculo tengo yo?

Y la pregunta final:

¿cómo podemos saber cuál es el porcentaje de fibras de contracción lenta (las tipo I) y de fibras de contracción rápida (las tipo II) que tenemos en nuestros músculos? ¿Hay alguna analítica, alguna prueba de imagen, o algún estudio electrofisiológico que nos valga para saber esto?

Por desgracia, no. La única manera de saberlo sería hacer una biopsia muscular: coger un trozo de músculo y analizarlo en el microscopio. Pero ¡cuidado!, porque eso supone lesionar ese músculo, y no es algo recomendable para alguien que quiere hacer deporte.

Por lo tanto, si no podemos saber cuál es la composición de nuestros músculos, al menos nos queda el consuelo de que, con el entrenamiento y con una adecuada alimentación e hidratación, podemos dar el máximo en nuestro desempeño deportivo. Y eso es lo que nos debe importar.

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